miércoles, 15 de julio de 2015

Cuando vino la montaña

Todos conocemos aquel dicho de que si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña...
-Eso creo que era más bien con algo de [profeta árabe]
-Sí, está la cosa para hacer coñas con según qué temas...
-¡Cobarde!
-¡Pecador!
-¡Finstro!
-¡Torpedo!
-...

Sí, me sé muchos insultos de Chiquito de la Calzada... Pero la enseñanza de tal dicho es que hay cosas que hay que hacer, independientemente de cómo haya que hacerlas.
Otra interpretación tal vez menos obvia es el hecho de que si no vas a la montaña, la montaña acaba viniendo a ti y perturbando tus sueños cual monstruo con espalda de pinos y cuerpo de roca se tratase... Y es de esa invasión de la que quería hablaros hoy.

En nuestro mundo (laboral) hay empresas grandes y pequeñas, empresas con solera y pantone para los trajes y otras más familiares y/o cooperativistas. De siempre todos hemos creído que las empresas grandes hacían cosas grandes y las empresas pequeñas hacían cosas pequeñas... Pero llegó un día en que, crisis mediante, las empresas grandes comenzaron a hacer cosas pequeñas.

Así, la conversación que sigue a continuación era algo lógico y común de cualquiera de las Top Five del mercado:

- Watson, proyecticidios, ¿qué tenemos?
- Proyecto pequeño, tecnología que no controlamos, máximo media persona durante seis meses.
- ¿Cuánto?
- Igual 20.000€ con suerte
- Eso es un No-Go en toda regla
- Pero
- ¡No-Go!
- Pero...
- ¡No-Go he dicho!

Y efectivamente era una opción que acababa cubriendo una empresa local y pequeña porque no tenía las consideraciones de margen de las grandes. Pero esto cambió, no sé muy bien si por la crisis o por el ansia de acaparar mercado y la conversación de antes se volvió mucho más simple.

- Este es el contestador automático de Watson, proyecticidios. Cuentas con mi Go incondicional.

Así, el territorio de los proyectos pequeños y los servicios asociados que era el territorio de las empresas pequeñas comenzó a verse poblado de servicios de empresas grandes.

- Bueno, al final vamos a hacer el proyecto.
- Genial
- No llega a 20.000€
- Bueno, eso a nosotros nos va muy bien
- Le he pedido oferta también a Accenture y a Deloitte
- ¿Perdón?

Y sí, ahí te encontrabas tú cual Leónidas con tus 300 enfrentándote a los miles del ejército de Jerjes (véase la clara metáfora en cuanto a capacidades y técnica, todo sea dicho). Ante esta circunstancia, ¿quién no quiere un Mercedes a precio de Renault Twingo?
- Tampoco te pases
- ¿En qué?
- Twingo no... Si acaso Renault Laguna
- Hasta para eso tenéis clase, ¿no?
- Faltaría más
- Mejor me callo...

Por lo tanto, tu territorio había sido conquistado por los bárbaros del norte y te quedaban sólo las montañas escarpadas y difícilmente accesibles, lo que te llevaba a malvivir comiendo aquello que las grandes sí que no querían, colocándote en un punto donde la supervivencia era muy complicada.

- Watson, proyecticidios. ¿Qué tenemos?
- Anda, ya no está el contestador automático...
- Pues no.
- Entonces mejor ni te cuento lo que te venía a proponer.
- Igual haces bien.
- Igual hago bien.

Pero finalmente ha llegado el día en que las grandes se han dado cuenta que no pueden entrar y mantener determinados proyectos de menos de X mil euros porque sus costes estructurales se lo impiden, dando tal vez un poquito de aire a todas esas pequeñas empresas que forman el tejido empresarial español. Y no hacen un favor, claro... Es sólo porque no les salen las cuentas...

Así pues, un día la montaña se levantó y caminó hacia ti, con sus ojos vacíos y perdidos en el horizonte... Y aunque estuviese destinada a ir a ti, no deja de ser una montaña. Mucho cuidado que no te pise...

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