viernes, 12 de julio de 2013

Ola de calor

Como viene siendo habitual en los últimos años, hay episodios de calor intenso en verano que los meteoroastrólogos, en un alarde de creatividad no visto desde la 'ciclogénesis explosiva', han decidido bautizar como ola de calor.

Pues vaya...

El caso es que leía ayer que una flamante poseedora de un Galaxy S3 había experimentado quemaduras de segundo grado en la pierna después de que su móvil le explotara en el bolsillo como resultado de la exposición a la susodicha ola de calor y, entiendo, algún defecto de uso o de construcción del mismo.

Como poseedor de varios S3 (sí, mi portátil también es un S3... No, mi coche no es un Audi, para desgracia de las petroleras...) esta noticia me inquieta más allá de la ola de calor. En las especificaciones de la mayoría de productos electrónicos aparecen temperaturas de uso recomendado que suelen rondar entre los 5º y los 35º, a todas luces insuficientes para el verano en Sevilla y para el invierno en Andorra... Y para el metro de Barcelona. La posibilidad de que mi móvil tenga algún defecto y pueda encontrarse a más de 35º existe y más veces de lo que a mi exotérmico físico le gustaría.

Es por estas cosas por las que la mayoría de gadgets tienen un procesador muchísimo más potente de lo que necesitan? Para que se calienten y gasten lo mínimo? Es por eso por lo que las baterías son de tan baja capacidad, porque se asume un uso ligero de las capacidades?

En Top Gear (que es un programa en el que no me importaría trabajar incluso aunque me tocase el rol de capitán pisahuevos) hicieron una prueba con un Toyota Prius y un BMW M3. Consistía en que el Prius debía recorrer un circuito a máxima velocidad y el M3 limitarse a seguirle pegadito. Obviamente no era una carrera sino que se trataba de comprobar el consumo de ambos. Lo que descubrieron es que el motor híbrido y supereconómico del Toyota había consumido un 15% más que todos los caballos juntos del BMW. Aplica este fundamento a móviles, tablets y portátiles? Parece ser que sí... Y compramos tecnología con grandes capacidades para infrautilizarla no sea que se caliente de nuevo en un terrible contrasentido.

El verano pasado, en agosto, me tocó editar un video conmemorativo por un cumpleaños. Procesar video es de las cosas más costosas que puede hacer un ordenador. Durante varias horas, la temperatura del procesador de mi S3 no bajo de los 80º. Habéis leído bien... El ventilador soplaba y soplaba cual lobo sin los tres cerditos pero la refrigeración aérea sólo podía mantener a raya el calentamiento lo suficiente para que no ardiera mientras era físicamente poco recomendable tocar el teclado o ponerte el portátil en el regazo mientras pensabas impotente en una manera de refrigerarlo mejor más allá de tenerlo elevado para que respirase mejor... Y la nevera no valía porque no tiene enchufe interior... Sí, ya lo pensé...

En cualquier caso Sony ha salido a la palestra para solucionarnos la vida del calentamiento local mediante su Xperia Z, que nos permite una refrigeración como indica la imagen que acompaña este artículo y que debería hacerse extensiva a todas las ofertas gastronómicas terraciles estivales:
-Caña, tapa y agua helada para el móvil por 3€, oiga!

Bendita paciencia...

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