martes, 2 de julio de 2013

De inercias y hombres

Siguiendo con la habitual línea editorial de los julios de todos los años (y mientras no se me quite el run run habitual de estas fechas al respecto de las vacaciones) quiero hacer una masterclass práctica y gráfica de qué esperar en tus próximas vacaciones consultoriles y/o informáticas.
 
De cómo te vas a ir de vacaciones y lo que te vas a encontrar, chato.
Ponente: Abel González
 
Asunciones y prerrequisitos:
- 3 semanas de vacaciones en lo más caluroso de agosto.
- Un mes de julio particularmente exigente en cuanto a trabajo en proyectos.
 
Fíjese el interesado la abrupta pendiente (igual a infinito) que separa los puntos A-B y E-F en lo que a exigencia se refiere. Esto quiere decir que hasta el último día a casi última hora estás haciendo cosas... Las que sean, pero cosas. Luego te vas de vacaciones y cuando vuelves, desde el primer día, también estás haciendo cosas. Lo habitual que espera tu jefe que hagas, vaya (y si además lo facturas ni te cuento).
Como he comentado en otras ocasiones, es complicado desconectar totalmente el día que se te cae el boli y te vas de vacaciones por las leyes de conservación del movimiento o de la inercia.
 
Nota: La ley de conservación del movimiento o de la inercia es una simplificación de otras leyes más generales que especifica que cualquier cuerpo no sometido a fuerzas externas continuará en su estado de movimiento o reposo. En el caso que nos ocupa, la exigencia consultoril y laboral es la fuerza que nos genera las inercias... Sí, soy un poco pedante a veces.
 
En el punto A, poco antes de iniciar las vacaciones, la exigencia y la dedicación son equivalentes, así que la inercia es la adecuada para el nivel de exigencia. Es ese momento en que estás anhelante de que comiencen las vacaciones, deseoso de que llegue ese día en que das envidia a la gente que aún no se las coge.
 
En el punto B, poco después de iniciar las vacaciones, la exigencia se reduce a cero. Tu cerebro, que no tiene calendario, está muy contento pero sigue preparado durante varios días para enfrentarte a tu día a día laboral. Es lo que suele llamarse 'el cazador que duerme'. O síndrome de Estocolmo, llegado el momento.
 
El punto C representa la desconexión total. El cazador está hibernando en la playa (claro, en verano...) y cualquier pensamiento laboral ha desaparecido. Es el periodo en el que realmente descansas y disfrutas de tus vacaciones. Incluso de tu suegra.
 
El punto D es algo un tanto particular... Es el día en que te das cuenta que te faltan X días para volver a trabajar. Sudores fríos y mala leche te inundan y de repente tu cerebro deja de hibernar para sólo dormitar... Incluso con leves despertares... Es un periodo corto que rápidamente se diluye como si nada hubiera pasado hasta que llega el punto E
 
El punto E es terrible. Es el día antes, la tarde antes, la noche antes... La madrugada antes... Porque, claro, te has acostumbrado a dormir hasta tarde y meterte en la cama a las 11 de la noche (como pronto) es algo que se te antoja accesorio. Y das vueltas y vueltas pensando en lo que no deberías pensar:
 
- Mañana tengo que ir a trabajar... Uffff... Volver a ver al Dr. García-Calvillo... Y al jefe...
- No, que el Dr. García-Calvillo y tu jefe seguirán de vacaciones un par de días más...
- No sé cómo tomarme eso...
 
El día llega y el cerebro se despierta, pero el cuerpo no responde. El nivel de exigencia se dispara y te pegas una tremenda torta contra ese muro incapaz de adquirir suficiente inercia para estar al 100% de efectividad el primer día de vuelta de las vacaciones.
 
Y entonces se produce el punto F: el síndrome postvacacional. Tu cuerpo, que es tu mayor enemigo aunque no te lo creas, se rebela (es rebelde rebelde...) contra el cambio de rutinas de león de la sabana a peleón con las sábanas matinales produciéndote diferentes síntomas desagradables como protesta sindicalista hasta que, perdida toda esperanza de nuevas vacaciones, decide que se está molestando a sí mismo y recuperas la inercia perdida adaptándola al nivel de exigencia del último cuatrimestre del año... Cuatrimestre que en las TIC suele ser el más intenso.
 
Luego no digáis que no os avisé... Os deseo buenas vacaciones a los que ya las habéis comenzado (aquí va un exabrupto al respecto de la masculinidad de las cabras) y espero que las mías lleguen tan rápido como rápido se me pasarán.

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