martes, 25 de junio de 2013

Come come

Suele pasarme con más frecuencia de la que considero razonable que los viernes a última hora se me complican las cosas y salen problemas donde no debieran haberlos (o por lo menos que se esperen a que pase el fin de semana).

Esto, que dentro de un orden es algo normalmente gestionable, es una de las cosas que más odio de mi trabajo porque suele volverme, como diría Dani Rovira, gris-triste-plomizo-lúgubre y lo que podía ser un fin de semana de tres días de San Juan explosivo (por los petardos) se convierte en un viacrucis mental particular.

-Vamos a dar un paseo
-Es que me tengo que mirar una cosa
-Pero si es fin de semana
-Ya...
-Pues míratelo y salimos
-Es que no tengo ganas... Me da mucha pereza...
-Pues salgamos
-Vaaaale...

Y sales, así como sin ganas, dándole vueltas a lo que tienes pendiente de mirarte.

-Dónde estás?
-Aquí, cariño...
-Vamos dirección Barcelona
-Uys, el piloto automático...

Y entras en ese estado medio de agobio medio de responsabilidad que evita que disfrutes adecuadamente de tu bien ganado descanso, dándole vueltas a algo con lo que no quieres ponerte porque te fastidia que tengas que ponerte en tu tiempo libre.

-Me pongo después de comer...
-Bueno, va, me echo la siestecita y luego...
-Qué pocas ganas... Me veo una peli...
-Qué tarde se ha hecho... Igual me lo miro mañana mejor...

El caso es que finalmente llega el día en que no tienes más opción que mirártelo si quieres que esté a primera hora del día siguiente. Y te lo miras. Y lo vuelves a mirar. Y, curiosamente, en media hora o menos está listo.

-Idiota!

Efectivamente, no hay otra palabra para definirlo. Te has pasado tres días amargado y agobiado por lo que tenías que mirarte... Por media hora que no quisiste dedicarle el viernes a última hora y que habría cambiado totalmente la experiencia del fin de semana. Es como si, de alguna manera, debieras guardar luto por el problema y pasar por las cinco fases del mismo antes de sentirte 'libre' para dedicarle tiempo y finiquitarlo.

No habría sido mejor dedicarle un momento el viernes, ver qué tal está la cosa e incluso resolverlo? Realmente se tardaría esa media hora de intervención sin casi tres días de chup chup a fuego lento en tu cabeza? Por qué todos los viernes al mediodía me tienen que pasar estas cosas?

Creo que el agobio aparece cuando no estás seguro de que algo vaya a funcionar. Ya no es una cuestión de lo bueno que seas, de lo que sepas o del tiempo que le dediques... Es como si los dioses de la informática jugaran con su libre albedrío y se cobraran en forma de tu energía el hacer que todo funcione.
Si esto realmente fuera así, espero que condenen al infierno informático y lo reencarnen en grabador de datos en sueco al simpático que diseño y programó tremenda bazofia de aplicación de precio estratosférico cuya falta de funcionamiento racional me ha mantenido en vilo el fin de semana... Ni juego de tronos, oye.

Pero bueno, como decía el anuncio, te pique lo que te pique...

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