lunes, 1 de octubre de 2012

Telepatía artificial

Ir en el metro y pensar 'sé que puedes oír lo que pienso' por si alguien fuera telépata es un juego que se ve que practica más de uno. Llegar a comunicarse a distancia de forma privada, instantánea y natural es algo que podría hacer que las operadoras de telefonía se tirasen de los pelos si no fuera por la existencia de los N-cientos clientes de mensajería instantánea móvil multiplataforma, liderados al menos de momento por Whatsapp, que inevitablemente hacen uso de un servicio de datos por el que estas operadoras de telefonía cobran y que hacen más agradable el trabajo de sus peluqueros.

Decía en el artículo anterior que los diferentes dispositivos, por ahora externos, permiten esa comunicación entre individuos geográficamente distantes. También permiten que, de forma privada, se transmita un mensaje al que tienes delante de ti en la mesa poniendo verde o de otro color a alguien presente. Pero esos dispositivos tienden a integrarse de forma cada vez más natural en nuestras vidas de manera que somos cyborgs desmontables con capacidades de comunicación via servicios de terceros. Pero sí, somos telépatas tecnológicos.

Como con todo, hay que mirar al futuro y ya decía yo también en el artículo anterior que veo la integración hombre-máquina algo (sólo algo) más cercana, de manera que te implanten el microchip cerebral y tengas un 'móvil' smartphone (lo de smart dependerá de cada cerebro) que no tengas que llevar en la mano y que se cargará via bioelectricidad corporal.

- ¿Dígame?
- Hola, somos de brain-phone. ¿Está interesado en venirse con nosotros? Utilizamos un móvil poco invasivo ubicado en el parietal...
- Es que aún tengo los puntos de mi último móvil...
- O sea, que tiene permanencia...
- Sí, la cicatriz es permanente.
- Pues si se lo piensa sólo piense en el 1500 y luego piense en llamar y tendrá un bote de aspirinas de regalo.

Esta comunicación 'cerebral' me lleva a plantearme diferentes escenarios futuros a cada cual más escalofriante, que diría Iker Jiménez:
1) Un escenario en que poco a poco las personitas nos iríamos fundiendo en una conciencia colectiva para acabar deshumanizados y colectivizados en algo parecido a un cúmulo Borg de Star Trek, cosa que seguramente le encantaría a nuestros gobernantes.
2) Un mundo en que equivocarse de pensamiento y de persona a la que se lo quieres enviar (por esas veces que el cerebro se comporta como un auténtico descerebrado pensando en lo que no quieres pensar) puede liarla parda. Si ya ha habido un escándalo porque una concejal enviara (o no) un vídeo erótico a su marido (o no) y acabara en internet... ¿Qué sería de todos los 'vídeos', 'fantasías' (no necesariamente eróticas), 'noticias', 'ocurrencias' y demás? ¿Acabarían en internet también?
3) Al igual que ha habido robo de contraseñas en grandes redes sociales como Facebook o Linkedin, ¿quién nos dice que un aparato implantado quirúrgicamente en nuestro cerebro iba a ser más seguro e íbamos a tener bajo llave todos nuestros pensamientos?

Miedo me da hacia dónde nos conduce la tecnología pero estoy (casi) seguro de que no llegaré a ver tales avances o seré demasiado mayor para que me los implanen cuando toque, quedándome en mi 'natural' condición de hombre humano estándar sin llegar a ser un cyborg superheroico... Aunque este último punto me suscite cierto interés friki.

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