lunes, 30 de julio de 2012

Pereza oriental (I)

Desde luego cuando dicen que los orientales nos superan en todo lo que significa dedicación  no van desencaminados, aunque se trate de algo tan curioso el ponerlo en la misma frase que pereza. Bonito tema para hablar en estas vacacionales fechas.
El caso es que hay una diferenciación entre lo que se llama 'pereza oriental' y la 'pereza occidental' que tal vez os gustaría que os aclarara. ¿Sí? Bueno, va, os lo explico.

Resulta que el término pereza oriental radica en la pureza de la pereza (que no pureza) que practican los orientales (sí, es así de genérico) y que se trata de eso: no hacer nada, absolutamente nada, dedicarse al 100% a no hacer nada (aunque pueda sonar paradójico). Desde luego, hasta para ser perezoso hay que ser disciplinado en oriente...

Los occidentales, en cambio, practicamos la pereza occidental (así no hay que importarla) que normalmente se define en una palabra como hacer-todo-aquello-que-te-evita-tener-que-hacer-lo-que-realmente-tienes-que-hacer-hasta-que-tengas-irremediablemente-que-hacerlo. Sí, señor, en una única palabra.

Lamentablemente, este planteamiento hace que se realicen muchas otras cosas (lo cual no está mal) pero no por querer hacerlas sino por evitar o retrasar lo que realmente tenemos que hacer, ya sea porque es difícil, porque es aburrido o porque preferimos dedicarle el tiempo a otra tarea más gratificante. Pero bueno, mientras esté en las fechas que tiene que estar no pasa nada.

El caso es que mientras no está, el fantasma del deber nos persigue y nos hace sentirnos culpables por no dedicarle el tiempo justo.

- ¡Uuuuuh, soy el fantasma de las navidades pasadas! ¡Tienes pendiente aún el informe de viabilidad desde el invierno!
- Pero si no es necesario hasta el mes que viene y tengo muchas otras cosas que hacer.
 - ¡Uuuuuuh, soy el fantasma de las navidades presentes! ¡Tienes pendiente...
- Sí, sí, que ya lo sé... Pero aún falta mucho para navidades, no me líes que tengo otras cosas que hacer.
- ¡Uuuuuuh, soy el fantasma de las navidades futuras! ¡Ya no tienes pendiente el informe de viabilidad!
- ¿Ves lo que te decía, tanto agobio, si al final no había para tanto?
(¡Riing, riiing!)
- ¿Dígame?
- Soy el jefe jefazo, tráeme el borrador del informe de viabilidad, que le tengo que echar un ojo.
- ¡Uuuuuuh!

¿Somos capaces de ser suficientemente disciplinados como para no sufrir por algo que hay que hacer y que sabemos que lo haremos en el futuro? ¿La culpabilidad de no hacer algo en su momento y cargar con ello es más sobrellevable que realmente hacerlo y vivir más tranquilos? ¿Hasta qué punto la pereza occidental es una manera aceptable de hacer las cosas si con ello podemos aprovechar el potencial de creatividad y capacidad que nos provoca el trabajar bajo stress? ¿No deberíamos a veces optar por una opción más reflexiva antes de hacer las cosas o no va con nuestra cultura?

Y seguramente, después de esta filosófica disertación os preguntaréis el por qué de hablar de la pereza. Bueno, no es más que una muy larga introducción para otro artículo que publicaré más adelante... Si la pereza me lo permite... O si tengo algo más importante que hacer que priorice dicho artículo...

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