viernes, 18 de mayo de 2012

¿Se acabaron los secretos?

Hoy voy a escribir un artículo totalmente al revés de lo que lo hago habitualmente. Comenzaré con las preguntas. ¿Cuántos de vosotros tenéis un password sólido para proteger vuestros correos, cuentas bancarias y demás? ¿Cuántos de vosotros usáis el mismo password para todo? ¿A cuántos os han hackeado la conexión wifi? ¿Cuántos habéis hackeado una conexión wifi (aquí repartimos para todos...)?

Efectivamente, hay una pequeña histeria con todo lo que representa seguridad en internet: usuarios, passwords, logs, conexiones... Se tiende a pensar que todo deja una traza y que esas trazas son rastreables, de manera que es casi más fácil que te encuentres a la policía en tu casa porque has intentado traficar por internet que si se te ocurre atracar un banco (y no te pillan en el acto, claro).

Ser un hacker es algo guay, que mola mucho y que Lisbeth Salander se ha encargado de poner de moda y darle glamour (sueco, pero glamour). Pero como suele pasar, la realidad siempre es mucho más complicada que la ficción y los hackers suelen ser más parecidos a su amigo Plaga y al repelente niño Vicente que a antihéroes de fantasía.

Hoy en día, en 2012, es dos años más tarde de la fecha en que basaba Introversion su juego Uplink. Este juego del 2001 nos pone en el papel de un hacker del 2010 que tiene diferentes misiones y diferentes maneras de llevarlas a cabo... Pero normalmente se tiende hacia el lado oscuro: borrar datos, robarlos, hacer transferencias bancarias ilícitas, condenar a alguien en la base de datos criminal, etc. Personalmente os recomiendo que lo probéis para que podáis comprobar lo sencillo que resulta en el juego comparado con la realidad, a pesar de la evidente diferencia que hay entre lo que expone el desarrollador como Internet en 2010 y la realidad actual.

Pues bien, Uplink basa muchas de sus premisas y su mitología en una película que se llama 'Los Fisgones' y eso es algo que salta a la vista en cuanto has visto la película y juegas un poco.
El caso es que en el film la infomática y el hackismo ilustrado es aún más fácil que en el juego (aunque hay que reconocer que en algunos puntos aplica bastante más sentido común) pero ambos, de todas maneras, quedan demasiado lejos de la dificultad que entraña hoy en día atravesar un sistema de seguridad bien protegido y bien pensado.

Como siempre, es el sentido común y una buena política, sin llegar a excesos, lo que puede hacer suficientemente sólidos nuestros sistemas. Tan simple como dos cosas:
- Tener passwords diferentes con mayúsculas, minúsculas y números
- Contar con suficiente memoria para acordarse de todos ellos

Porque, lamentablemente, muchas veces el programa que utilizamos para guardar el password más seguro del mundo... No tiene password... Y eso cuando no es un fichero txt en el escritorio...

Mucho cuidadito ahí fuera.

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