viernes, 17 de febrero de 2012

Subcontratas subcontratis et omnia subcontratas


- Puede subirse los pantalones.
- Dígame, doctor, ¿es grave?
- No, es lo habitual. Es un caso claro de subcontratitis que suele manifestarse de forma dolorosa similar a la hemorroide al darse cuenta de lo inflado de la factura de una subcontrata.
- Vaya. Pues no sabía que me iba a doler tanto.
- Hombre, es normal. Usted está pagando el doble del precio original del servicio.
- Pues no tenía ni idea. ¿Y esto cómo se cura?
- Bueno, yo intentaría dejarlo pasar ahora mismo hasta que finalice la subcontrata. Intente utilizar el máximo de vaselina posible y un poco de antiácido. Pero sea más cuidadoso la próxima vez.

Esta curiosa visita al médico es bastante más habitual de lo que parece. Resulta que hay muchas empresas que carecen de forma habitual de los recursos necesarios para realizar sus proyectos. Como especialista en temas de BI he sido subcontratado muchas veces y tengo una buena colección de gorras.

Lo que yo no entiendo es cómo estas empresas son primero capaces de ganar esos proyectos... Hacer una oferta de algo de lo que técnicamente no tienes mucha idea, ganarla por el motivo que sea (¿precio, prestigio, músculo financiero?) y luego tratar de llevarlo a buen puerto puede ser muy complicado... Pero yo me pongo en el puesto del cliente: he otorgado un proyecto a la mega consultora X que quiero que me desarrollen ellos porque son los mejores (o creo que son los mejores... O me han dicho que son los mejores) y luego resulta que aparecen unos subcontratados de una empresa que ni conozco ni quiero conocer para realizar el proyecto.

El proyecto acabará bien o acabará mal. Si acaba bien, he sido idiota y he pagado mucho más a la mega consultora X por el mismo servicio (habría que considerar si nos ceñimos exclusivamente al servicio tecnológico y no a otras consideraciones). Si acaba mal, la mega consultora X tendrá que apechugar por no ofrecer su personal y subcontratar (con el riesgo que puede suponer).

Por suerte en estos tiempos que corren el mirar la pela (esta expresión debería adecuarse a la divisa actual) por parte del cliente hace que tenga mucho más claro lo que quiere y lo que se le ofrece y tiende a ser complicado vender un proyecto sin demostrar conocimiento, aunque sea subcontratado. Así pues, la figura del Prime Contractor tiende a ser parecida a la de un aparejador de obra que se encarga de buscar a los albañiles, electricistas, fontaneros, yeseros y demás para que la casa se pueda hacer en condiciones. La comodidad y la disminución del tránsito administrativo para el cliente, que normalmente no quiere problemas, hace que esta práctica pueda ser válida. Pero también, en los tiempos que corren, nos encontramos que para alicatar el baño no nos hace falta un arquitecto, tres albañiles y un equipo de fontaneros sino el amigo Manolo que se encarga de realizar todos los ajustes por un precio módico.

La flexibilidad es algo a considerar en la mayoría de los servicios de consultoría actuales, me temo.

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