jueves, 6 de octubre de 2011

¿Fin de los espectáculos taurinos?

Supongo que lo sabéis y si no lo sabéis aquí estoy para informaros de ello, que la Generalitat de Catalunya prohibió en julio de 2010 la celebración de espectáculos taurinos en las tierras catalanas. El pasado 25 de septiembre fue el día en que se celebró la última corrida taurina en la plaza monumental de Barcelona. Con esto se da fin a los espectáculos taurinos en los que interviene un animal al que luego se le suele dar muerte pero, por supuesto, no se da fin al toreo, tradición muy practicada por gente que no usa traje de luces, capote y estoque.

En este caso quiero referirme a ciertos clientes de servicios informáticos (no a todos, por supuesto) que en esto de torear son unos maestros. Véase a continuación:

1er tercio - El toro se presenta al torero
El cliente tiene la necesidad:
- ¿Dígame?
- Oye, que necesito para dentro de 20 minutos una oferta para realizar un proyecto de BI de reporting, con ETL y modelado basado en mi base de datos.
- Espera, que miro la bola de cristal y me la invento.
- No hace falta mucho, sólo una oferta normalita de servicios por perfil.
- Es que lamentablemente con lo que me has dicho no puedo presentar mucho más.

20 minutos más tarde, la oferta (por llamarla de alguna manera) se presenta.
- ¿Dígame?
- Oye, que muchas gracias. Ve reservando ya el perfil porque lo vamos a necesitar y como el precio es tan competitivo (ironía fina ante la crisis) seguro que hacemos el proyecto.
- ¿Para comenzar cuándo?
- Pues la semana que viene. Mándame el CV de quien vaya a venir.
- Vale.

15 minutos más tarde el CV está en posesión del cliente.
- ¿Dígame?
- Oye, que veo que el perfil éste es un poco junior. Yo creo que voy a necesitar a uno más senior.
- Vale, pero es otra tarifa...
- Es lo que te iba a decir, que me tendrías que mantener la tarifa, porque claro, ya he hablado con quien tenía que hablar y le he presentado tu oferta.
- Me pides un descuento del 20% por la cara.
- Bueno, pero es de larga duración...
- Haré números y te digo algo. ¿Tiene que ser para el lunes?
- Sí, eso sigue igual.


2º tercio - Las banderillas
- ¿Dígame?
- Oye, que todo perfecto pero no va a poder ser el lunes porque tenemos un follón de tres pares y muchas reuniones y tendremos que dejarlo al menos hasta el miércoles.
- ¿Y qué hago yo ahora con la persona?
- Lo siento mucho, pero las cosas son como son.
- Pero me aseguras que el miércoles ya sí que sí, ¿no?
- Sí, sí, sí... No te preocupes. Sólo ha sido un inconveniente.
- De acuerdo...

Martes por la tarde.
- ¿Dígame?
- Oye, ya sé que te dije que mañana viniera, pero es que no va a ser posible. Tendremos que atrasarlo hasta el otro lunes.
- Hombre... Habérmelo dicho antes. Te comprometes y luego no cumples.
- Ya, pero no te preocupes porque estamos mirando cosas del proyecto y va a ser más grande de lo que esperábamos, así que seguro que te compensa.
- Está bien... El lunes. ¡Sin falta!
- Sí, no te preocupes.

3er tercio - El estoque
Viernes mediodía.
- ¿Dígame?
- Oye, me vas a matar.
- ¿Se retrasa otra vez el tema? Mira que ya me he tenido que comer a una persona que tenía facturando durante una semana porque no te decides.
- Ya... Pues mira, va a ser peor porque ya te dije que estuvimos mirando el proyecto y nos ha salido algo tan grande que no va a ser con las tecnologías que te dije. Al final cambiaremos el ERP primero y luego ya se hará lo de BI. ¿Tú de ERPs tienes gente?

De esta manera, que supongo que os habéis encontrado alguna vez, el cliente dice y se desdice alegremente (es lo que tiene que no le cueste dinero), debiendo asumir la empresa de servicios el coste por la indecisión del primero.

Desde mi tribuna quiero pedir más rigor a todas aquellas personas y clientes que gestionan mal estas oportunidades (sea su culpa o no) porque las faenas taurinas suelen constar de varios toros y en algunas de ellas tras cortar dos orejas lo que apetece es cortar el rabo.

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