domingo, 28 de agosto de 2011

Afilar el hacha

Ahora que ya se acaban las vacaciones, que por lo general siempre son cortas, uno suele volver al trabajo con la cabeza en otro sitio y la primera semana siempre es dura.
La verdad es que uno espera que según se acerca el día en que coge las vacaciones la intensidad del trabajo (en el caso de la consultoría) vaya disminuyendo. La realidad es que muchas veces la disminución es de 100 a 0 en unas pocas horas, lo que hace que entres con inercia laboral en las vacaciones.
En cambio, la primera semana que esperas una aceleración paulatina tienes que tener un efecto turbo que ni un Audi Quattro de rally mientras tu mente recupera la inercia perdida a tortazo limpio.

Y es que en el fondo somos como un hacha: el hacha necesita afilarse cada cierto tiempo y para ello hay que hacer cosas que nos den libertad de pensamiento, que nos aparten de talar árboles. Por lo tanto, el poder tener unas semanas de asueto, bien aprovechadas mentalmente, nos afila adecuadamente.

Ya que comencé con las historias en el artículo anterior y aprovechando que hoy es mi último día de vacaciones, os contaré la historia del leñador y su hacha:

"El leñador y su hacha"
Érase una vez que se era un leñador que encontró trabajo en una compañera maderera de esas que deforestan bosques y similares. Quitando el hecho de lo cuestionable ecológicamente que sea, el hombre estaba encantado, así que el primer día se presentó a la hora y trabajó durante toda la jornada, cortando 10 árboles. El capataz estaba encantado.

El hombre se fue contento a su casa y al día siguiente se presentó y le dedicó mucho esfuerzo, pero sólo pudo cortar 8 árboles. Se fue a casa pensando que tal vez estaba cansado del día anterior y se acostó temprano.

Al día siguiente, a pesar de haber descansado, sólo pudo cortar 5 árboles.
El otro día, acudiendo al amanecer, sólo cortó 3.
El último día de la semana, no pudo acabar de cortar su segundo árbol. Al acabar la jornada, se dirigió a ver al capataz desilusionado con su rendimiento.
- No sé qué me pasa... Todos los días he dado el 100%, levantándome pronto, viniendo antes de la hora y yéndome a dormir como las gallinas, pero el resultado...
El capataz, que era un hombre que podía ver el bosque en lugar de los árboles, le dijo:
- ¿Cuándo ha sido la última vez que has afilado el hacha?

Con las vacaciones, pensamos en otras cosas y llegamos más frescos y capaces. Lo malo es cómo nos vamos. ¿Os sentís ineficientes las dos semanas antes de iros de vacaciones? ¿Qué peligro conlleva tener gente en la reserva de la reserva acabando ciertas tareas? ¿Es mejor dejarlas para cuando se vuelva más fresco o el hecho de llegar y tener 'marrones del pasado urgentes' nos fuerza a incorporarnos a las bravas?

Por si acaso, mañana me llevaré una sierra eléctrica.

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