martes, 9 de noviembre de 2010

Promesas de consultor

Como consultor de alto nivel (bueno, por lo menos me gusta pensar que eso es así)  el que en tu contrato ponga 40 horas distribuidas de lunes a domingo no significa que al llegar a las 40 horas se te caiga el boli o apagues el portátil (si eso fuera así, yo no curraría a partir del jueves seguramente...), así que en tiempos apretados como los que vivimos sueles tener que realizar más horas de la cuenta.

Personalmente, hay muchos días que no sabes a qué hora vas a retirarte para casa (bueno, sabes la hora aproximada a la que esperas coger el tren. Llegar a casa es otro tema). Otra de las cosas que te encuentras es que algunos días a última hora estándar (alrededor de las 18h) todavía no tienes claro a dónde vas a ir el día siguiente... Cosa que puede cambiar sustancialmente en minutos.

Estas extrañas circunstancias hacen que muchas veces seas incapaz de gestionar tu tiempo de ocio (curioso siendo experto en temas de planificación, por eso) pero los proyectos no entienden de esas cosas. La idea de plegar y desconectar suele devaluarse según pasa el día tal como sigue:

14.30h: Hoy llegaré pronto, que sólo tengo una reunión por la tarde a las 3 y en cuanto acabe me piro.
16.30h: Oye, que la reunión se está alargando un poco, pero para las 6 estoy fuera.
17.55h: Acabo de terminar la reunión, pero tengo que despachar una cosa con el jefe con urgencia. En seguida acabo.
18.30h: Tengo que hacer una cosilla de última hora después de despachar con el jefe, nada, cinco minutos.
19.15h: Mira, que ya acabo lo que sea entre el tren y en casa y así estoy en casa pronto.
19.35h: Acabo de perder el tren de las 19.30. Cojo el siguiente.
20.30h: Llevo un rato en el tren y no puedo ni sacar el portátil. Acabaré lo que sea en casa.
21.30h: Es un momento nada más, lo acabo y lo envío.
22.15h: Hala, ya acabé. Vaya horas.

Por eso es muy complicado que uno se plantee estar en casa a una determinada hora. Puedes prometer y prometer que vas a estar pero luego hay inconmensurables de proyectos que hacen que pringues hasta bien entrada la noche (y en el ejemplo anterior a veces hay que quitarle uno de los doses a la última entrada...)
En algunos casos, esta situación se hace extensible a los fines de semana, llegando a quemar a la familia de uno y a uno mismo. Es el momento de utilizar la mejor de las excusas de un consultor:

Será sólo una temporada. En cuanto acabemos el proyecto ya plego siempre a mi hora.

Normalmente es una temporada, unos pocos días, unas pocas semanas o un tiempo más largo, pero las temporadas de 'descanso' suelen ser pocas comparadas con la intensidad de las 'temporadas'.

Así pues, nos encontramos con que las promesas de un consultor en lo que a disponibilidad se refiere siempre caen en saco roto por el terrible día a día de los proyectos y la profesionalidad de uno, que siempre intenta dar el mejor servicio a clientes que en algunos casos (en algunos) no tienen la culpa de la cargabilidad de los profesionales. Si fuera cristiano practicante tendría que ir a confesarme todos los fines de semana por jurar en vano (aparte de otros muchos exabruptos y pensamientos que tiene uno en ciertos momentos).

Haciendo un símil bélico, lo habitual es que estemos en tiempos de paz y haya que hacer las guardias oportunas, pero en el momento en que hay alguna guerra, uno va al frente y no sabe si volverá y si vuelve no sabe ni en qué estado ni a qué hora...

Lo más curioso de todo esto es que siempre se espera que la situación mejore de forma mágica, pero como esto no es así, os dejo un mantra (que no es del Dr. García-Calvillo) que podéis utilizar si os encontráis en situaciones parecidas:

Cambia tú para que tu vida cambie.

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