miércoles, 27 de octubre de 2010

De 13 y poco a 17 y pico

Ah, recuerdo aquellos años de la feliz adolescencia (es un decir) cuando iba al instituto entre los 13 y poco y los 17 y pico años.
Pero hoy no me quiero referir a aquellos tiempos en que comenzaba a relacionarme con los pcs (con mi fabuloso 386 dx33...). Hoy quiero hablar de tamaños. Y por mucho que me digan, el tamaño importa.

Resulta que la semana pasada durante un viaje, tras hacer a mi flamante ProBook 4310s color Burdeos (el de la foto) trabajar hasta ciertas horas un tanto intempestivas al día siguiente le dio por no ponerse en marcha por, según parece, un problema con la bios o la placa. Más allá de que estuviera mejor o peor montado (la verdad es que tratar de desmontarlo incluso con el material adecuado era una película de terror del bueno y no como las que hacen ahora) acabé resignándome y tratando con el servicio técnico que me lo tendrá reparado vete a saber cuándo (no les meto prisa).

El caso es que como no puedo estar sin ordenador (es lo que tiene ser un profesional de la informática), he cogido de prestado un Packard Bell de 17 pulgadas. Más allá de tener que reinstalar, recuperar datos, poner más o menos en solfa mi 'oficina' lo que no he podido poner en solfa ha sido mi utilización habitual del portátil.
Sé que la categorización de los ordenadores por su tamaño es variopinta: fijos, portables, portátiles, mini-portátiles y ultra-portátiles. Los hay más potentes y menos potentes.

Como sabéis si leéis mi blog, viajo mucho en tren. No me voy a quejar del peso añadido de llevar un portátil de 17 pulgadas (kilo y medio largo más) ni de que me ocupe más espacio en mi flamante maletín de mafioso (el maletín del dinero, que dice mi hijo con más razón que un santo) ni de que tiene un tamaño incómodo para abrir en un cercanías. De lo que me voy a quejar es de la falta de ergonomía como portátil.

Desde mi punto de vista, los portátiles con teclado numérico deberían estar prohibidos por la convención de Ginebra y de cualquier bebida alcohólica adicional. Si trabajas en una mesa, la disposición de tus manos hace que estés 'medio de lado': no es cómodo, no cumple las especificaciones de confort ergonómico (aparte de que según la ley española, un portátil no es un puesto de trabajo fijo y no debería ser habitual trabajar con uno)... Pero es que en el tren... ¡Uf! Entre que te lo pones en la falda, como quieras trabajar un poco estás incómodo y medio ante una postura más que forzada tratando de escribir mientras haces malabarismos para que no se te caiga o acabas aguantándolo con las dos manos y limitándote a usarlo de tele (eso sí, la pantalla es de lujo para un cercanías).
Y eso por no decir de la curiosa disposición de ciertas teclas que casi no se usan (av pág, re pág, inicio, fin...) en combinación con los cursores y las teclas de función.

Por eso, si sirve de algo, quiero pedir a los fabricantes de portátiles que por favor piensen un poco más en la ergonomía de uso de los portátiles grandes y no me vale eso de que 'te lo has comprado porque has querido, tenías más opciones' porque en el momento en que se diseña directamente no se ha tenido esa consideración. Dentro de mis posibilidades, voy a desaconsejar a cualquiera que pueda la compra de portátiles con teclado numérico.

Y por cierto, un portátil de 17 y casi 4 kilos no es portátil, es portable.
Y uno de 19 y más de 4 kilos, por mucho que se empeñen, no es portable... Es arrastrable.

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