miércoles, 18 de agosto de 2010

La regla laboral

Sum-sum-susum-sum-sum-sum-sum-sum-susum!!!
Uiii!

La verdad es que siempre que alguien menta el tema del periodo femenino me viene a la cabeza esa musicalmente discutible composición que adornaba aquel anuncio de Ausonia y que daba pie al comienzo de aquella gran filosofía también discutible de que la regla es lo mejor que le puede pasar a una mujer copiada posteriormente por todos y cada uno de los anuncios de higiene íntima femenina.

Pero hoy no quiero hablar de la regla femenina... O por lo menos no del periodo menstrual. Hoy quiero hablar de la regla laboral, que es la única que, como representante del género masculino, puedo tener.

Entiendo por regla laboral cuando te encuentras en 'esos días del mes' en que todo es una miércoles, no te apetece ir a trabajar, odias a tu jefe, odias a la renfe, odias a tus compañeros, tu ordenador te cae mal y los clientes ni te cuento. Y por si fuera poco, aún tienes que trabajar.

En 'esos días del mes' sueles tener pensamientos del tipo:
- No voy a hacer esto toda mi vida
- Estoy harto de ser el único que se come los marrones de la empresa
- No doy más
- Mi outlook me odia

Y el mejor de todos:
- Qué harto que estoy de tener que trabajar.

Pero lamentablemente, si ONLAE no lo remedia, hay que seguir trabajando. Y si la regla laboral se alarga puede desembocar (que no quiere decir que se le quite la boca a uno) en algo que se llama Burnout Syndrome o Síndrome del quemado.

Creo que todos tenemos la regla laboral algunos días al mes... Y después de venir de vacaciones ni os cuento. A mí me parece que es algo bueno de tener. Nos hace conscientes de que no estamos tan bien como debiéramos y, de forma instintiva, nos fuerza a mejorar, a tomar las decisiones adecuadas para mejorar esa situación.

En mi caso debo decir que siempre que he cambiado de empresa ha sido en un periodo de regla laboral... O más bien entre periodos de la misma (no cambio de empresa tan alegremente). Actualmente me considero bien pagado y bien considerado, pero eso no quita que las cosas vayan siempre rodadas y siempre se pueda mejorar la calidad de vida de uno. Pero en la consultoría, tratar de vivir como un marajá es algo que sólo está reservado para unos pocos.

Así que, dado que el margen de mejora de mi situación laboral (conseguir que mi outlook no me odie y que mi jefe me suba el sueldo (hola, excelso y bienamado jefe)) tampoco lo exijo, voy a iniciar mi particular batalla contra la renfe para que mi viaje diario de casa a la oficina me lleve un poco menos y permita que pase algo menos de 12-14 horas al día fuera de casa, labor más que difícil también.

Seguiremos informando.

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