miércoles, 4 de marzo de 2009

Comparaciones odiosas

Un día (bueno, más de uno en realidad), sin que nadie me avisara de que iba a ser así, recibí un mail sorpresa a las tantas de un cliente con un mensaje muy claro:

- Hay algo que no funciona y tiene que estar para mañana. Ya tardas (esto último se sobreentiende pero me sirve para remarcar el tono).

Independientemente de que el cliente tuviera más o menos razón o más o menos prisas, la reacción cuando recibes un mail así mientras estás en pijama despachando cosillas por la noche cómodamente en el sofá mientras la tele suena de fondo es siempre la misma:

1) Coges aire
2) Miras al techo
3) Sueltas el aire
4) Parafraseas al Dr. García-Calvillo con su máxima más famosa: 'Soy un junco hueeeeeco, me doblo pero no me paaaaarto'.

Y claro, sueles ponerte a sacar adelante el problema a las tantas, a veces de forma gratuita para el cliente pero siempre con un coste personal que se cobra en ciertas conversaciones con la mujer de uno.

En ese momento, sacas conclusiones insospechadas: 'Eres tonto. No tienes que abrir el outlook en casa.'

Y después sueles recordar esas comparaciones tan odiosas establecidas entre informáticos y mujeres de dudosa reputación que ofrecen servicios para mayores de 18 años por dinero:

- Trabajas en horas extrañas.
- Te pagan para mantener al cliente feliz.
- Cobras por horas, pero tu tiempo se extiende hasta que termines.
- Cuando te preguntan a qué te dedicas, es complicado que te entiendan.
- El cliente siempre quiere pagar menos y encima quiere que le hagas maravillas.
- Cada día al levantarte te dices '¡No voy a hacer esto toda mi vida!'.
- Sin conocer nada de su problema, los clientes esperan que les des el consejo que necesitan.

... Y un largo etcétera.

En fin, con los tiempos que corren lo importante es continuar haciendo felices a los clientes... Ya sea delante de un ordenador o en otras circunstancias más rotondiles.

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