martes, 17 de febrero de 2009

Podríamos...

- No mintió ella, fue la enfermedad la que mentía.

Así de tajante se mostraba House en uno de sus capítulos con enfermedades nada comunes (pobre hombre, siempre enmarronado con enfermedades imposibles).
Esto me lleva a pensar si el hecho de que House exista hace que el número de personas con enfermedades poco frecuentes se dispara en sus cercanías en un milagroso acto por parte de la propia naturaleza de acercar al que resuelve los problemas a los que le necesitan.

Desde este punto de vista, ¿el hecho de que existan homos informaticus hace que aumente la complejidad de los proyectos a la que se enfrentan estas personas?

La primera persona del plural del condicional simple de indicativo del verbo poder es una palabra absolutamente prohibida en ciertos entornos en los que me muevo.

- Tengo un problema.
- Pues podríamos...

Podríamos. Esa palabra suele ir seguida de una propuesta tecnológica muchas veces tildada de 'idea feliz' (por no hablar de formas vulgares de la autosatisfacción cerebral) y que, aunque posible (a veces sólo en teoría) supone un aumento de la complejidad del proyecto.

Es lo que se llama 'aportar valor técnico'. La experiencia es un grado, la imaginación es otro más y el hecho de ser un homo informaticus es otro grado más. Así pues, tanto grado provoca que ciertos proyectos se acatarren y tengan algunas décimas de más.

Con 40 de fiebre en un proyecto, la complejidad del mismo tras varios usos de la innombrable palabra es tal que las herramientas con las que se desarrollan se explotan hasta el máximo de sus capacidades... Y luego resulta que las herramientas son malas porque las necesidades sobrepasan su ámbito normal de actuación o que la administración necesaria es compleja y costosa.

En fin, ¿podríamos acabar ya este artículo?
Podríamos.

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