lunes, 16 de febrero de 2009

Homo Informaticus (II)

Retomando el tema del artículo anterior que acababa casi como comenzaba (ergo es un artículo que no sirvió de mucho), tras una disertación con mi colega a la par que amigo Dr. García-Calvillo, ilustre facultativo del Colegio de Marronología Superior, hemos descubierto que la pregunta de si el informático nace o se hace está mal formulada.

De hecho, hemos concluido que se trata de una afirmación: el informático nace y después se hace.

Por lo tanto llegamos a la conclusión de que el informático total, el informático freak del que hablábamos en el artículo anterior, es una combinación de un hecho de herencia genética, de un hecho casual y parece ser que de algo más.

Como en todo lo que está involucrado la genética (incluso siendo no-gallinas), cada una de nuestras capacidades viene determinada por nuestros padres.

Obviamente, a algunos se nos da mejor unas cosas que otras y no hay tantos hombres del renacimiento como a alguno le gustaría, por lo que nos especializamos en aquello que se nos da bien y que además NOS GUSTA.

Un determinado día y para jolgorio de sus padres que no sabían donde se metían, nace un informático nativo. La excelente herencia de sus padres le comporta unas capacidades lógicas, matemáticas y de resolución de problemas excelentes, por lo que es muy complicado que este niño haga carrera en política y retire a sus padres. El primer paso está dado.

Ahora bien, ¿y si nunca en su vida se pone delante de un ordenador? Pues seguramente se meterá en algo que le permita hacer uso de esas capacidades, por ejemplo, diagnosis médica.
House no es más que un informático que descubrió la informática después que la medicina. Me pregunto si en caso de haberse metido a informático tendría una serie de televisión.

¿Y si se pone pero no le gusta? Entonces encontraremos al profesional de la informática, que viene a ser como el príncipe heredero del reino. Muy riguroso y con capacidad de sacar el trabajo adelante, pero que jamás tocará un ordenador fuera de su horario de trabajo.

¿Y si finalmente le gusta? Si eso es así y para jolgorio de sus padres, el niño no abandonará su habitación en años y sólo se pondrá moreno mediante la tenue luz del monitor del ordenador.

¿Y si nace, descubre, le gusta y encima se dedica profesionalmente?
Si pasan todas esas cosas, esta persona estará en disposición de comerse los más variopintos marrones, de realizar aquellos proyectos fabulosamente bien pensados que venden algunos comerciales, de dedicarle horas y horas muchas veces infructuosas, fines de semana, esfuerzos sin fin e incluso sin reconocimiento...

Con semejante panorama, uno no puede más que alegrarse de no ser uno de ellos...

... ¿O sí?

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