viernes, 13 de febrero de 2009

Consultores, informatras y otras faunas (I)

No hace mucho, entrevisté a un recién salido de la universidad. Nos interesaba un perfil muy junior al que poder ofrecerle una carrera polivalente en el mercado de la consultoría de BI.Como siempre hago, le pregunté qué le atraía de nuestra empresa y qué le gustaría hacer (la oferta era para un técnico sin experiencia).

Él me contestó, con la pasión (y cierta ingenuidad) típica de un recién licenciado, que quería aprender mucho y en el plazo de un año ser un consultor senior, que había oído que se gana mucho dinero siéndolo.

En ese punto fue cuando mis pobladas y entrenadas cejas se arquearon en la forma no pareja que una persona menos fría habría expresado con tres letras y dos signos de interrogación:

- ¿EIM?

Y no es que aquí esté hablando de Enterprise Information Management, sino que me refiero a lo perplejo que me quedé con la contestación de aquel candidato, que no hacía más que constatar algo que yo ya sabía: el término Consultor se utiliza muy a la ligera.

Lamentablemente, esa ligereza de uso hace que cualquiera se llame a sí mismo consultor y que cualquier empresa tenga en su haber múltiples consultores junior y senior. Pero en algunos casos esto se queda en un simple apodo y es ahí donde se hace el mal para el término.Hace unos cuantos años, cuando comenzaba esto del BI en la zona de Barcelona, había auténticos consultores. Personas con un gran conocimiento funcional del ámbito de mercado en el que se movían, con la capacidad de realizar desarrollos técnicos para llevar a buen puerto sus análisis y que al presentar la minuta por su colaboración hacía palidecer a más de un departamento de compra. Pero lo valía.

Yo siempre recordaré cuando empezaba como simple técnico y, en un determinado momento a media mañana, se hacía el silencio. La gente se levantaba de su asiento disimuladamente y miraba hacia la puerta. Entonces entraba un personaje excelentemente vestido con un maletín en una mano, saludando con la otra y una sonrisa más propia de un anuncio de pasta de dientes que del mundo de la informática.Y entonces alguien decía, entre sorprendido e incrédulo:

- ¡Ha venido El Consultor!

Aquella persona, rodeada de un aura de omnipotencia informativa, se dirigía con paso firme al despacho del presidente. Y el mismísimo presidente le acercaba la silla... Y le iba a buscar un café incluso.Pero desde entonces ha llovido mucho y el término se ha gastado de tanto usarlo. Se le llama consultores a técnicos con mucha experiencia en una herramienta o en un sistema de programación, capaces de sacar adelante proyectos pensados sólo para ser vendidos y nunca realizados... Pero también se le llama consultor al pobre chaval recién salido de la carrera que le envían a contestar el teléfono y a traerle cafés al jefe del equipo de desarrollo.

- Su café, don Armando.

- Gracias, tú sique así y te ascenderé a Consultor junior de logística en equipos de proyecto.

El caso es que el cliente muchas veces pierde la confianza cuando le envían un consultor u otro consultor. La diferencia radica en que el título es el mismo, pero la persona y sus habilidades no. Y diferentes empresas tienen diferentes medios para evaluar las habilidades de cada uno. Y es que además, los clientes han aprendido y calan rápidamente al que no vale. O así debería ser.Así pues, la conclusión que sacamos es que no todos somos consultores y la mayoría somos simples técnicos. Pero en ese caso, creo que denominarse técnico o analista o programador tampoco es adecuado en el mundo de BI.

Para mí, cada proyecto o cliente tiene su propia informática. Son un caso diferente. Y la informática es la ciencia que trata la información... Y no conozco ningún proyecto que no haya tenido problemas con ella. Es por eso que me voy a permitir, ahora que está tan de moda, inventar el término de la informatría, que no es más que el proceso que trata los problemas de la información.

- ¡Doctor, doctor, mis datos no me salen en informes!

- No se preocupe. Un proyecto de datamart, una instalación de un sistema de reporting y unas cuantas horas de consultoría y como nuevos.

En la informatría, y basándome en un ejemplo del genial Jorge Bucay, también hay tendencias. Tendríamos una tendencia Freudiana, una Gestáltica y una Conductista, que ilustraremos con el ejemplo anterior del sistema de informes en un artículo posterior.

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